

Trump desata una nueva guerra comercial con China: un terremoto económico global

El mundo financiero se estremeció ante el anuncio de Donald Trump de imponer un arancel adicional del 100 % a todas las importaciones procedentes de China, junto con nuevas restricciones a la exportación de software estratégico desarrollado en Estados Unidos. La medida, programada para entrar en vigor el 1 de noviembre, representa un golpe directo al comercio internacional y reaviva las tensiones entre las dos mayores potencias económicas del planeta. Trump justificó la decisión como respuesta a las recientes limitaciones impuestas por Pekín sobre los minerales de tierras raras, esenciales para la fabricación de semiconductores, vehículos eléctricos y equipos militares, afirmando que podría adelantar su aplicación “si China da otro paso hostil”. Incluso insinuó la posibilidad de cancelar su próxima reunión con Xi Jinping prevista en el foro APEC.
Las consecuencias fueron inmediatas. Los mercados bursátiles reaccionaron con fuertes caídas: el Dow Jones retrocedió 1.88 %, el Nasdaq 3.56 % y el S&P 500 2.71 %. La incertidumbre impulsó una huida hacia activos considerados seguros, como los bonos del Tesoro estadounidense y el oro, mientras el dólar perdía fuerza frente a otras divisas. Los precios del petróleo también se desplomaron: el West Texas Intermediate bajó 2.61 dólares, el Brent 2.49 y la mezcla mexicana cayó a 56.28 dólares por barril. Los analistas advirtieron que, de mantenerse esta tendencia, el comercio global podría entrar en una fase de contracción más profunda que la de la guerra arancelaria de 2018.
El trasfondo de este nuevo enfrentamiento es la lucha por el control de la cadena tecnológica mundial. China domina más del 90 % del procesamiento de tierras raras, un sector clave para la transición energética y la industria digital. Washington busca reducir esa dependencia, mientras refuerza sus propias capacidades de manufactura de chips y materiales críticos. En ese contexto, el anuncio de Trump no solo busca presionar a Pekín, sino también enviar un mensaje político hacia dentro de Estados Unidos, apelando al discurso del “America First” que lo catapultó al poder. Sin embargo, la estrategia podría tener un efecto bumerán: encarecer insumos, afectar a la industria tecnológica estadounidense y desestabilizar aún más un mercado mundial ya golpeado por la inflación y los conflictos geopolíticos. Así, la nueva ofensiva comercial no solo plantea un desafío económico, sino que marca el inicio de otra etapa en la pugna por la hegemonía tecnológica del siglo XXI.





