

La revolución del cuidado en América Latina toma fuerza

En América Latina se está gestando una transformación profunda: el reconocimiento del cuidado como una infraestructura esencial para las economías y las sociedades. Tradicionalmente invisible y no remunerado, este trabajo —principalmente realizado por mujeres— representa hasta el 21 % del PIB de la región y sostiene comunidades enteras con poco reconocimiento formal.
El cuidado no debe verse como una simple labor doméstica, sino como una actividad central que merece inversión, visibilidad y protección. Países como Chile, Colombia, Uruguay y Canadá ya han comenzado a impulsar políticas públicas dedicadas a profesionalizar el cuidado, crear redes de apoyo y generar empleos dignos bajo este rubro. En Chile, por ejemplo, el sistema de atención ya está operativo en múltiples municipios, beneficiando a decenas de miles de personas.
El enfoque ha cambiado, el cuidado se reconoce como un derecho humano y una inversión esencial para avanzar en igualdad de género, bienestar social y sostenibilidad económica. Instituciones como la CEPAL y ONU Mujeres han destacado que las políticas de cuidado no sólo alivian la carga no remunerada de muchas mujeres, sino que también impulsan la participación femenina en mercados laborales y reducen brechas sociales.
Frente a las múltiples crisis que enfrenta la región, visibilizar y financiar el trabajo de cuidado representa una decisión estratégica imprescindible. Reconocer y fortalecer esta infraestructura social podría definir el rumbo hacia una América Latina más equitativa, resistente y humana.





