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Bolivia, el primer grito de independencia que tardó más en concretarse

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Aunque fue en el Alto Perú donde resonó por primera vez el llamado a la emancipación en 1809, Bolivia consolidó su independencia apenas el 6 de agosto de 1825. Es decir, pese a haber dado uno de los primeros pasos, fue el último país sudamericano en lograr su libertad definitiva contra España.


La historia arranca con la Revolución de Chuquisaca (hoy Sucre) en mayo de 1809, considerada como el primer grito libertario de América del Sur, aunque inicialmente expresado en nombre del rey Fernando VII y rechazando la coronación de su hermana en América. Hasta julio de ese año, La Paz vivió otro levantamiento independiente más radical liderado por Pedro Domingo Murillo, señalando una clara ruptura con el dominio colonial.


Durante más de quince años, el territorio del Alto Perú se convirtió en escenario de intensos combates entre fuerzas realistas y patriotas. La región fue atravesada por una guerra irregular caracterizada por las llamadas “republiquetas” —grupos guerrilleros autónomos que resistían en zonas rurales y remotas— que erosionaron progresivamente el control español.


La independencia no llegó hasta tras la decisiva victoria patriota en la Batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. Dirigida por Antonio José de Sucre y con el respaldo de Bolívar, este triunfo marcó el fin del dominio realista en Latinoamérica y permitió a los congresos regionales avanzar hacia la declaración formal.


Finalmente, el Congreso de Chuquisaca proclamó la independencia el 6 de agosto de 1825, fecha elegida en homenaje a la batalla de Junín (6 de agosto de 1824), y brindó al nuevo país el nombre de "República Bolívar", que más tarde se convertiría en Bolivia. Simón Bolívar ejerció como "Padre de la República", aunque declinó asumir la presidencia, entregándosela a Sucre.


Este aparente contraste —haber sido pionera y, al mismo tiempo, última en independizarse— refleja la complejidad interna de la región: fragmentación política local, resistencia militar española y la ausencia de apoyo externo de forma sostenida hasta la intervención decisiva de líderes libertadores extranjeros como Bolívar y Sucre.


En resumen, Bolivia representa una paradoja histórica: el primer territorio en gritar la libertad en Sudamérica y el último en verla consumada. Ese largo y complejo camino culminó en 1825, cuando se consolidó el Estado boliviano que hoy conmemora su independencia como nación.

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